viernes, 16 de febrero de 2018

"Back in black" AC/DC

 
Back in black
I hit the sack
I've been too long I'm glad to be back
Yes I'm, let loose
From the noose
That's kept me hanging about
I keep looking at the sky
'Cause it's gettin' me high
Forget the herse 'cause I'll never die
I got nine lives
Cat's eyes
Usin' every one of them and running wild
 
'Cause I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back, back
(Well) I'm back in black
Yes, I'm back in black
 
Back in the back
Of a Cadillac
Number one with a bullet, I'm a power pack
Yes, I'm in a bang
With a gang
They've got to catch me if they want me to hang
Cause I'm back on the track
And I'm leadin' the pack
Nobody's gonna get me on another rap
So look at me now
I'm just makin' my play
Don't try to push your luck, just get out of my way
 
Well, I'm back, Yes I'm back
Well, I'm back, Yes I'm back
Well, I'm back, back
Well I'm back in black
Yes I'm back in black

hooo yeah
Ohh yeah
Yes I am
Oooh yeah, yeah Oh yeah
Back in now
Well I'm back, I'm back
Back, I'm back
Back, I'm back
Back, I'm back
Back, I'm back
Back
Back in black
Yes I'm back in black

 

viernes, 9 de febrero de 2018

"El ritual de Musgrave" de Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes, 2)

 
"Una anomalía en el carácter de mi amigo Sherlock Holmes que siempre me sorprendió era que, a pesar de que en su razonamiento se mostraba el más preciso y metódico de los mortales y vestía con cierto remilgo, en cuanto a sus hábitos personales era uno de los hombres más desordenados del mundo, capaz de volver loco a cualquiera que compartiera con él su casa. Y no es que yo sea demasiado convencional a ese respecto, pues mi desorganizado trabajo en Afganistán, unido a una tendencia natural por lo bohemio, han hecho de mí un ser bastante más descuidado de lo que corresponde a alguien que ejerce la medicina. Pero yo tengo un límite, y, cuando tropiezo con una persona que guarda los puros en el cubo del carbón, el tabaco en las babuchas persas y clava la correspondencia sin contestar con un cuchillo en la repisa de madera de la chimenea, comienzo a darme ciertos aires. Siempre he mantenido, además, que practicar con el revólver debía ser, claramente, un deporte exterior; de modo que, cuando Holmes, en uno de sus extraños estados de humor, se sentaba en una butaca, empuñaba su revólver y con un centenar de cartuchos Boxer se dedicaba a agujerear la pared de enfrente con un patriótico «V. R.» a modo de decoración, no podía menos de pensar que ni la atmósfera ni el aspecto de nuestro cuarto salían beneficiados.
 
Nuestras habitaciones estaban siempre atestadas de productos químicos y reliquias criminales, que solían extraviarse y aparecer en la mantequera o en lugares aún menos deseables. Pero mi mayor cruz la constituían sus papeles. Le horrorizaba destruir documentos, en especial aquellos que guardaban relación con casos pasados y, sin embargo, raro era que encontrara la suficiente energía como para ponerse a ordenarlos más de una vez cada dos años, pues, como ya he mencionado anteriormente en estas desordenadas crónicas, a los ataques de tremenda energía durante los que realizaba las asombrosas hazañas a las que va vinculado su nombre, seguían periodos de letargo durante los cuales se entretenía con sus libros y su violín, casi inmóvil salvo para ir del sofá a la mesa. Así, mes tras mes, sus papeles se iban amontonando, hasta que cada esquina de la habitación estaba abarrotada de haces de manuscritos, que en modo alguno se podían quemar y que nadie salvo su dueño podía guardar".

Este relato fue publicado en el "The Strand Magazine" en mayo de 1893 y formó parte del libro recopilatorio titulado "Las memorias de Sherlock Holmes" que Arthur Conan Doyle publicó en 1894.

El relato empieza un día en el que Watson está un poco harto del caótico desorden en el que le gusta vivir a Holmes. Le anima a que haga un poco de limpieza y ordene sus papeles y, a raíz de este hecho, Holmes saca una caja donde guarda multitud de cosas y le muestra una pequeña caja de madera con la tapa corredera de las que utilizaban los niños en aquella época para guardar sus juguetes. Dentro de la cajita hay una serie de objetos que le traen a la memoria el "caso Musgrave" y, ante su curiosidad, Holmes se lo relata al doctor Watson.

Ha pasado ya algún tiempo desde el caso de la Gloria Scott, Sherlock Holmes tiene 25 años y su vida social parece que ha mejorado un poco, sobretodo gracias a la fama que adquirió en la facultad cuando resolvió su primer caso. Todavía no reside en Baker Street ni conoce a Watson pero ya hace sus primeros pinitos como detective en Londres tras haber concluido sus estudios.

Un día le visita, en su modesta residencia situada en Montague Street, un ex compañero de la facultad llamado Reginald Musgrave. El Sr. Musgrave es actualmente un destacado miembro del Parlamento, a pesar de su juventud, y pertenece a una antigua familia de rancio abolengo residente en Hurlstone, localidad situada al oeste de Sussex. Acude a Holmes a fin de que investigue la misteriosa desaparición de su mayordomo, Brunton, al que había despedido unos días atrás, después de veinte años de servicio, por haberle sorprendido una noche en la biblioteca de la enorme mansión rebuscando entre los documentos privados de la familia. 

Brunton, un maestro de escuela  sin trabajo al que el padre de Reginald contrató muchos años atrás, estaba atravesando un agitado momento personal al haber roto su relación sentimental con Rachel, segunda doncella, y tener un idilio con Janet, la hija del guardabosques.

De nuevo, Sherlock Holmes, sorprenderá a propios y extraños con su extraordinaria capacidad deductiva y resolverá un misterio que, a parte de la desaparición de Brunton, se inició muchos años atrás, tantos que hasta la propia familia Musgrave lo había olvidado.

miércoles, 31 de enero de 2018

Lunas de enero


¡Adiós enero, que te vaya bien! Se acaba el primer mes del año y, no sé por qué, tenía muchas ganas de que fuera así. Tal vez sea porque ha estado lleno de problemas y decepciones para mí. No he empezado este año 2018 con muy buen pie que digamos.
 
Los problemas han venido de la mano de mi trabajo: un trabajo que no me gusta y para el que no estudié. Un trabajo que pasa factura (llamadle estrés si queréis) por el excesivo volumen que representa para una sola persona y la imposibilidad de abarcarlo todo. Un trabajo que me obliga a madrugar muchísimo y a desplazarme cada día un buen puñado de kilómetros para llegar puntual. Un trabajo en el que me veo obligada a invertir horas y más horas, fuera de mi jornada laboral, robándole ese tiempo a mi familia y a mí misma.
 
Las decepciones han venido de la mano de algunas personas que consideraba importantes en mi vida y que no lo eran. Personas en las que confiaba, con las que me divertía, con las que contaba para todo, con las que me sentía bien. Pero un día, de buenas a primeras, descubro que no son lo que parecen, que toda esa confianza que había depositado en ellas no ha valido para nada, descubro sus mentiras, su falsedad y su doble juego y todo se viene abajo. ¿Hay algo peor que la traición de un amigo?
 
Aunque no me podéis negar que ha sido un mes de enero muy raro para todos y en todos los aspectos. Hemos vivido un mes de temperaturas primaverales por las que ya han florecido los almendros. Estamos atravesando una situación política excepcional que no sabemos en qué acabará: nuestros políticos no se aclaran, todos quieren imponerse, son incapaces de llegar a ningún tipo de acuerdo, la corrupción invade todos los estamentos a un nivel insospechado. A nivel mundial el panorama tampoco es que sea muy halagüeño: todos enfrentados a todos; guerras por doquier.
 
No sabemos hacia dónde nos dirigimos y parece que algunos han olvidado de dónde venimos.
 
Incluso en este ciber-mundo de los blogs también he descubierto, durante este mes, la prepotencia, la intolerancia, el "estás conmigo o estás contra mí" y el egocentrismo de algunas personas que se creen en poder de la verdad absoluta, que no aceptan otras opiniones que no sean las suyas y que son incapaces de ver más allá de sus narices.
 
Todas estas cosas han hecho mella en mí y, unidas a algunas más, han hecho que una idea haya estado rondando en mi cabeza: dejar el blog.
 
No lo tengo todavía decidido, pero es más que probable que cierre este capítulo de mi vida. La falta de tiempo es un lastre que no me deja desarrollar los contenidos del blog como yo quisiera; ni puedo publicar con la asiduidad que me gustaría; ni puedo escribir sobre todos los temas que me interesan.
 
Así que estoy en ese punto en el que no sé qué hacer, en el que solo quiero que llegue febrero por si me trae un cambio de aires. 
 
 
"De amores el primero, de lunas las de enero".