jueves, 21 de mayo de 2015

"Buenaventura" de Toni Aparicio


 
"No puedo moverme".
 
Unas manos grandes y fuertes la zarandearon suavemente, pero no se despertó. Al cabo de un par de segundos, la volvieron a zarandear.
 
-Neña, ya hemos llegado. Despierta.
 
Esperanza abrió los ojos. Todo lo que vio a su alrededor le resultó completamente desconocido. No recordaba dónde estaba ni cómo había llegado hasta aquel lugar extraño. Vio que una llamita encerrada de por vida en la jaula de un quinqué emitía una luz débil y pálida. El quinqué estaba torpemente sujeto al arco metálico que enmarcaba las espaldas anchas de un hombre con gorra calada hasta las cejas. Miró de reojo el interior del carruaje donde se encontraba.
 
-He debido de quedarme dormida... - musitó todavía aturdida".
 
Santa María de la Villa (Asturias), principios de los años 30. Esperanza, una joven huérfana, llega a la mansión de los Campoamor para ejercer como dama de compañía de Doña Rosario. Poco a poco, Esperanza va percibiendo que no es bien recibida en aquella casa por parte del resto del servicio. La señorita Agustina, el doctor Don Manuel y el administrador, Diego Carreño, parecen tener cierta reticencia hacia la joven. Solo Doña Rosario la acepta a su lado y, en los últimos días de su vida, le pide un favor: que investigue la misteriosa desaparición de su hija Buenaventura ocurrida un año antes.
 
En mi opinión es una novela estupenda de principio a fin y recomiendo su lectura a todo el mundo por lo mucho que yo he disfrutado con ella. Su argumento es original y está perfectamente desarrollado. Hay detalles que resultan ser la clave. Estos pequeños indicios, grandes en importancia, son los que nos harán entender qué es lo que está ocurriendo en realidad porque, tal y como dice uno de los personajes, "las cosas a veces no son lo que aparentan".
 
La novela está estructurada en tres partes. La primera parte se titula "La casa de las sombras que hablan" y está formada por los capítulos del 1 al 10; la segunda parte lleva por título "El lugar de los amantes" y la componen los capítulos del 11 al 33; y la tercera parte se titula "El final de la inocencia" y contiene los capítulos del 34 al 48. En la narración hay dos planos temporales: unos capítulos siguen la línea principal del argumento de la novela e intercalados hay otros en los que nos descubren la infancia de la protagonista. Estos capítulos, de apenas dos o tres páginas, nos dan la clave de por qué Doña Rosario se empeñó en llevar a casa a Esperanza y descubrimos qué terrible tragedia tuvo que vivir cuando era solo una niña. Tragedia que condicionará para siempre el desordenado comportamiento de la joven. Finalmente encontramos el epílogo. Los capítulos no son demasiado largos lo que da mucha agilidad a la lectura. El lenguaje es muy claro y las descripciones, tanto de la mansión como de la naturaleza que la rodea, son muy acertadas. Es como si estuviéramos viviendo dentro de la novela.
 
En primer lugar, uno de los "personajes" que me gustaría destacar es la climatología. En mi opinión, es parte fundamental del desarrollo de esta historia y el autor la describe perfectamente contribuyendo a crear, en gran medida, la atmósfera de misterio que envuelve la narración. A lo largo de toda la novela podemos percibir, como si lo estuviéramos escuchando, el repiquetear de la lluvia en los cristales, la profundidad de los truenos y las tormentas que, en varias ocasiones, coinciden con momentos muy importantes de la trama. La lluvia constante parece querer aislar la casa y a las personas que viven en ella.
 
Otro de los "personajes" principales es la naturaleza que rodea la mansión Campoamor. Esos bosques profundos, oscuros, húmedos y fríos se nos presentan hostiles como si quisieran asfixiar todo lo que rodean.
 
La señorita Agustina es el ama de llaves. Ha vivido en la casa durante toda su vida porque es hija del antiguo mayordomo y de una criada que falleció en el parto. Agustina quedó al cuidado de Doña Rosario, como ella misma nos dice, es lo más parecido a una madre que ha tenido y la quiere proteger de todo mal: tanto del sufrimiento que le puede acarrear la desaparición de su hija Buenaventura, como de la amenaza que supone la llegada de Esperanza a la casa. No entiende que Doña Rosario se haya complicado la vida aceptando a la conflictiva joven como dama de compañía y teme por su señora cuando Esperanza está cerca de ella. En el momento en que Doña Rosario y Esperanza se encuentran por primera vez, la señorita Agustina, permanece al lado de la anciana, tensa, expectante, vigilante, "a la espera de intervenir en caso necesario".
 
La señorita Agustina cuenta con el apoyo incondicional del médico de la familia, Don Manuel, y del administrador de las propiedades de Doña Rosario, Diego Carreño. También ellos aman a la señora como si de su madre se tratase puesto que el doctor lleva toda su vida atendiéndola y Diego nació en la casa al ser su padre el antiguo administrador. Juntos intentan paliar en lo posible la influencia negativa que Esperanza puede traer consigo.  Saben el problema que tiene la joven, algo terrible por desconocido en aquella época, y temen que "ese algo" dañe a Doña Rosario puesto que la joven es un elemento desestabilizador y perturbador de la paz reinante en la mansión.
 
Esperanza es una joven huérfana que ha vivido casi toda su vida encerrada en el orfanato. Encerrada, sí; porque no olvidemos que, cuando está en el orfanato, no comparte habitación con el resto de niñas internas. Ella duerme en un cuarto apartado de las demás que Doña Leonor se encarga personalmente de cerrar con llave por la noche. De pequeña vivió una situación terriblemente traumática que la marcó para siempre, afectando incluso a su estado emocional. Es retraída, apocada, insegura, miedosa, tímida y en ese momento se está enfrentando a una situación nueva: casa nueva, trabajo nuevo, personas desconocidas a su alrededor... Su vida ha cambiado, ha salido de su zona de confort y se enfrenta a un cambio radical que le hace sentirse temerosa, eso le genera una gran ansiedad y se siente agobiada desencadenándose un proceso psicótico, confirmándose así los temores de la señorita Agustina, de Don Manuel y de Diego Carreño. La primera señal la encontramos cuando, pocos días después de su llegada a la casa, Esperanza en momentos de tensión, miedo o nervios,  empieza a percibir sombras amenazadoras que se mueven en la oscuridad de su dormitorio y a oír una voz profunda, que solo existe en su mente, que le va diciendo lo que tiene que hacer con respecto a las personas que la rodean.
 
"... sus demonios empezaban a despertarse..." 
 
Los trastornos psicóticos afectan al contacto con la realidad. Incluyen alucinaciones y delirios, como escuchar voces, pensar que alguien trata de controlarnos o ver cosas que en realidad no existen. No olvidemos que conocemos la historia a través de los ojos de Esperanza, vemos lo que ella ve, sentimos lo que ella siente, pero eso no implica que esté ocurriendo en realidad. La joven cree que todos están en contra suya, que la comida está envenenada, que la vigilan, que la persiguen,... No se da cuenta de los cuidados que le profesan todos: el doctor cuidando de su salud, la señorita Agustina obligándola a comer para que se reponga cuanto antes de su debilidad, Diego Carreño arriesgando su vida para salvarla...
 
El episodio en el que Esperanza se va al bosque resulta casi onírico. Ella misma se sorprende de ver a la señorita Agustina en su habitación diciéndole que debe ir inmediatamente a casa del doctor; percibe la inusual oscuridad del pasillo teniendo en cuenta que son las cuatro de la tarde; no encuentra a nadie en la casa, ni en el jardín, ni en las caballerizas. Es como si todo su entorno hubiera desaparecido. De pronto, la señorita Agustina está detrás de ella diciéndole que se vaya. ¿Es real o se trata de una alucinación? Ni ella misma lo sabe porque ha entrado en una espiral en la que no es capaz de discernir los acontecimientos. Su comportamiento es totalmente incoherente a causa de su enfermedad. No distingue lo que oye de lo que cree oír, no sabe si lo que ve es real o está ocurriendo solo en su mente. Ha perdido totalmente el control sobre sus actos.  
 
"...oyó al lobo que tenía a su izquierda morderle  en el cuello. No sintió nada, pero Esperanza estaba convencida de que le había clavado los colmillos en un bocado letal".
 
Enloquecida por un "pánico incontrolable" cae al río. Y al día siguiente: 
 
"Ni siquiera se acordaba de los lobos ni de las hipotéticas heridas infligidas en el cuello".
 
Hay una conversación muy significativa entre Diego Carreño y Don Manuel, el médico, hablando sobre el incoherente comportamiento y las extrañas reacciones de Esperanza. 

"- Las personas que no tienen una personalidad definida o las que son... inestables son las que cometen actos desesperados.

- Quieres decir entonces que son actos causados desde la inconsciencia y que, por tanto, tienen consecuencias funestas al no estar concebidos desde la lógica, ¿es eso?".
 

 

Los sucesos ocurridos en el interior del túnel, son la culminación del brote psicótico, el punto álgido. A partir de ese momento parece que Esperanza empieza a volver a la normalidad porque, como primer indicio, percibe el abrazo de su salvador como un abrazo de cariño y protección y no de hostilidad. La salida del túnel supone una nueva vida para la joven, lejos de su pasado, dejando atrás la tragedia vivida. Incluso, cuando sale, lo hace completamente desnuda como si de un nuevo nacimiento se tratase. Es una nueva Esperanza con una nueva vida. 
 
"Es curioso comprobar cómo conocer los hechos acaecidos cambiaba la percepción de las cosas".