miércoles, 22 de junio de 2016

La cara y la cruz: la muerte y la paz




Muy pocas veces en la vida tenemos la oportunidad de vivir en directo hechos tan extraordinarios como los sucedidos el primer fin de semana de este mes de junio en el circuito de Montmeló (Barcelona).

Extraordinarios para bien y extraordinarios para mal. A veces no salen las palabras...

Se habla mucho buscando culpables: que si un bache del circuito, que si una frenada tardía, que si la reducida escapatoria, que si algo falló en la moto,...

Qué más da ya si, por desgracia, hemos perdido a Luis Salom. 
 



El Mexicano, apodo con el que le conocía todo el mundo en el paddock y fuera de él, murió durante los entrenamientos libres de Moto2, tras perder el control de su moto, la 39,  y sufrir un terrible impacto contra ella en la (maldita) curva 12 del circuito catalán. Solo tenía 24 años.





Tras el fuerte impacto sufrió una parada cardiorrespiratoria y, a pesar del esfuerzo de los médicos que intentaron reanimarle en el circuito y en el Hospital General, no consiguieron salvar su vida.
 
El mundo de las motos se vistió de luto, otra vez.
 
Por expreso deseo de la familia de Luis Salom se decidió seguir adelante con la celebración del Gran Premio de Cataluña. ¿Qué mejor forma de rendirle homenaje a un piloto de carreras?
 
 


 
Y así fue cuando, en la mañana del domingo, antes de iniciarse la primera carrera todo su equipo y sus compañeros salieron a la pista a guardar un minuto de silencio en su memoria. Fue un momento muy emotivo. Allí estaban su moto y una gran pancarta con su fotografía y su número, el 39, mientras sonaba "El cant dels ocells" ("El canto de los pájaros"), una preciosa composición del músico catalán Pau Casals.
 
 
   
 
"El cant dels ocells" Pau Casals
 
 
En el circuito se respiraba una profunda y sentida tristeza. Las muestras de cariño hacia su familia y de recuerdo hacia el piloto fallecido se sucedieron en incontables ocasiones. Si bien, en mi opinión, el momento álgido fue cuando se disputó la carrera de Moto2, la carrera que ya nunca más disputará Luis Salom.
 




El trazado del circuito fue modificado para la carrera suprimiendo la curva 12; pero aún así el piloto ganador de Moto2, Johann Zarco, en la vuelta de honor más emotiva se dirigió hacia ese lugar y, con la mano apuntando al cielo, le dedicó a su compañero y amigo fallecido el rugido de su moto.  
 
 


 
Además, el piloto francés se ganó el cariño de los aficionados cuando, tras una vuelta de honor en la que se le pudo ver llorando desconsoladamente, subió al podio y, una vez más, dedicó su triunfo a Luis Salom elevando su trofeo y su mirada hacia el cielo.  
 


 
Todos los pilotos que subieron al podio en las tres categorías llevaban sobre sus monos unas camisetas negras en las que se podía leer "Always in our hearts" ("Siempre en nuestros corazones"), como tributo a su compañero fallecido. 
 
 



Y, tras la cruz y la muerte, llegó la cara y la paz de la mano (nunca mejor dicho) del piloto al que Luis Salom más admiraba: Valentino Rossi. 
 
 



Rossi salió mal y tuvo que remontar desde la sexta posición. Adelantó a Viñales, a Iannone y a Pedrosa. Se puso a rueda de Márquez y le cazó. El siguiente de la lista fue Lorenzo, su compañero de equipo. En siete vueltas ya iba en primera posición. Márquez le puso las cosas difíciles porque, superando a Lorenzo, le alcanzó de nuevo. Finalmente, tras un intenso duelo de ambos pilotos que nos hizo disfrutar a tope de la carrera de MotoGP, ganó el italiano. 
 
 
 

 
La fiebre amarilla se desató. El circuito de Montmeló es uno de los favoritos de Valentino Rossi por su trazado, porque es donde más triunfos ha conseguido a lo largo de su carrera deportiva y porque la afición está con él. En Barcelona Rossi corre en casa. 
 
 



Y la paz llegó cuando en el parque cerrado, ante las cámaras, ante sus equipos y ante todo el público, Valentino Rossi se volvió hacia Marc Márquez y le tendió su mano al mismo tiempo que le felicitaba por la carrera. Hacía ocho meses que no se hablaban, ocho meses en los que se ignoraban totalmente desde el incidente de Malasia y todo lo que vino después.
 
Il Dottore es muy grande y lo volvió a demostrar una vez más, dentro y fuera de la pista.  
 
 



En la rueda de prensa posterior a la carrera un periodista preguntó a Valentino Rossi si su relación con Marc Márquez había cambiado después de que estrecharan sus manos y él contestó con una sola palabra: "Yes". Todos los periodista que allí se encontraban rompieron en un caluroso aplauso. Márquez sonrió aliviado dándole una palmadita de agradecimiento en el hombro.

La paz entre el 46 y el 93 estaba firmada.

Más tarde, el italiano manifestó que había reflexionado tras lo que había ocurrido durante todo el Gran Premio y que era mejor para todos intentar llevarse bien y rebajar tensión.

Ahora, puesto que Rossi ha dado el primer paso, honraría a Márquez que dijera públicamente lo que todo el mundo en el paddock sabe: que en Sepang no hubo patada y que él rompió una regla no escrita.
 
Despejaría dudas y callaría bocas. Si no lo hace será algo con lo que tendrá que vivir el resto de su vida, porque él sabe realmente qué pasó y por qué pasó.